No somos islas
El bien común debe ser nuestra prioridad.
“Nacimos para trabajar juntos como los pies, las manos, los ojos, como las dos filas de los dientes, arriba y abajo. Obstruirnos mutuamente sería antinatural..” — Marco Aurelio
Es increíble lo que nosotros, los humanos, hemos logrado en el tiempo que llevamos viviendo en esta roca inconmensurable en medio del Universo. Aprendimos a controlar el fuego, a cultivar plantas para alimentarnos, inventamos la imprenta, descubrimos la electricidad y conectamos el mundo entero con una red de redes. ¡Y todo esto en menos de 503,000 años! Muchos de estos descubrimientos no habrían sido posibles sin un profundo intercambio de conocimientos entre las personas.
Somos animales sociales, está escrito en nuestro ADN y no podemos escapar de ese hecho. De hecho, hay muchas investigaciones que demuestran que aislarnos está asociado con una vida más corta y de menor calidad. Es nuestra naturaleza: nos necesitamos unos a otros. Hacer lo contrario es dejarnos llevar por el miedo: miedo a los comentarios de los demás, miedo a perder nuestro trabajo, miedo a salir heridos, miedo a fracasar... Y sabemos que, a veces, el miedo no es real.
Nuestro cerebro no está adaptado al estilo de vida moderno que adoptamos hoy en día, lo que provoca reacciones de lucha o huida cuando no son necesarias. Un ejemplo de este comportamiento es cuando las empresas tecnológicas no compartían nada de código. Cada marca solía implementar su propio SVC, su propio sistema operativo para servidores, su propio explorador web desde cero, su propio lenguaje de programación, y así sucesivamente. Y si descubrían una nueva forma de hacer las cosas, guardaban silencio porque tenían un miedo injustificado de que otras empresas se aprovecharan de ese conocimiento.
El movimiento de Software Libre y de Código Abierto (FOSS, por sus siglas en inglés) fue un golpe decisivo en la mesa, permitiéndonos compartir código con otros colegas, aprender y mejorar las soluciones en el proceso. Todavía hay mucho software propietario, por supuesto, pero no estamos en la misma situación de hace años.
Proyectos como Stable Diffusion son el mejor ejemplo actual de esto. Hay proyectos propietarios que hacen lo mismo, pero, gracias a la comunidad, tenemos una alternativa libre y mejor. Contamos con sistemas operativos libres que las personas pueden usar para ejecutar sus máquinas, proyectos donde se preserva la historia de los videojuegos, iniciativas que aportan claridad a las redes sociales, y frameworks que permiten a los desarrolladores mejorar su productividad. Todo esto no habría sido posible de manera individual.
Podemos llevar todo este discurso etéreo a una situación más tangible: nuestro trabajo actual y nuestra relación con nuestros compañeros. No estoy hablando de ser cortés o respetuoso, sino de dónde empieza y termina nuestra responsabilidad.
Cada persona debe contribuir al buen funcionamiento de la empresa. La gran mayoría de las veces trabajaremos con otra persona, directa o indirectamente. Debemos pensar en los demás cuando escribimos la próxima línea de código o definimos el próximo requisito a implementar, y el bien común entre los proyectos debe estar presente en la cultura de la empresa, reduciendo la probabilidad de crear silos entre los compañeros del mismo departamento.
No trabajar por el bien común es lo mismo que frenar a la humanidad. Y tal vez pienses que solo eres una persona y que hacer lo correcto por tu cuenta puede no tener mucho impacto, pero uno debe hacer lo que es correcto sin preocuparse por lo que hagan los demás.

